lunes, 9 de julio de 2018

Colecho: una práctica de crianza controvertida


Desde la antigüedad existe una práctica frecuente en todos los estratos sociales: el colecho. Pero… ¿Qué es el colecho? es el hecho de que un bebé/niño comparta la cama con un adulto, todas o casi todas las noches y un mínimo de 4 horas.
¿A qué se debe que sea una práctica tan frecuente? A que el colecho se relaciona con la posibilidad del descanso nocturno de la madre y el estilo de crianza (crianza con apego).
Pero más allá de lo que sucede en la vida diaria familiar, en la actualidad es una práctica que genera controversias. Por un lado, se dice que el colecho interfiere con la vida de pareja, lo cual es un mito.
Por otro lado, se lo ha asociado al síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y al riesgo de asfixia y aplastamiento. Sin embargo, hay investigaciones que evidencian que el colecho favorece la lactancia materna nocturna y prolongada, lo cual es un factor preventivo del SMSL. Además de otros beneficios como la sincronización del sueño mamá-bebé, lo que posibilita un mejor descanso, menores episodios de llanto, mejor termorregulación y estabilidad cardiorespiratoria y oxigenación del niño.
Con lo cual no se puede condenar la práctica del colecho a priori como una práctica peligrosa. El peligro reside en las particulares circunstancias en las que se lo practica, las que pueden convertirlo tanto en una experiencia biopsíquica enriquecedora para el binomio mamá-bebé como en una situación peligrosa.

Tips para un colecho seguro(según Unicef, Organización Mundial de la Salud y Sociedad Argentina de Pediatría):
  •  No se debe fumar en la habitación ni practicar colecho si alguno de los padres fuma.
  •  La habitación no debe estar muy caliente (entre 18° y 20°) ni el bebé sobreabrigado.
  •  Las mantas no deben sobrecalentar al niño ni cubrirle la cabeza. Tampoco debe haber riesgo de que el bebé se deslice debajo de las mantas, o tenga contacto con las almohadas.
  •  El colchón debe ser firme y liso.
  • El bebé debe dormir boca arriba, sin riesgo de caerse de la cama o quedar atrapado entre la cama y la pared.

Es importante tener en cuenta que no se recomienda dormir con el bebé si nació prematuro o a término pero con bajo peso. Tampoco si la mamá (o el adulto que colecha) está inusualmente cansada, tiene alguna condición/enfermedad que disminuya su grado de conciencia por el bebé, ha bebido alcohol o consumido alguna droga que pueda provocarle somnolencia. Por último, no se aconseja colocar al bebé en el medio de ambos padres; tampoco hacer colecho con hermanos/as u otros familiares.

En la actualidad, distintas organizaciones de salud consideran que el lugar más seguro para que duerma un bebé es en la misma habitación de los padres pero en su cuna (lo que se denomina cohabitación). Unicef recomiendan elegir cunas adosadas a la cama.

Sin embargo, si decides compartir la cama con tu bebé, informarte y propiciar un sueño seguro es la forma de cuidarlo.

                                                                    
Cecilia D’Angelo

 Lic. en Psicología
     M.P. 4933


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lunes, 18 de junio de 2018

El inicio de la alimentación complementaria. ¿Cómo saber si mi bebé está listo?


Así, tan rápido como crecen ellos y casi sin darte cuenta, te encontrarás  
comenzando una nueva etapa junto a tu bebé: “la incorporación de los sólidos” a su alimentación. Y ésto irá acompañado seguramente de tu alegría y curiosidad por saber cómo va a responder frente a “eso” nuevo que le vas ofrecer y también de ansiedad y dudas al respecto. Informate, es la clave!
De acuerdo a lo recomendado por organismos nacionales e internacionales, la mayoría de los bebés inicia la llamada alimentación complementaria alrededor de los 6 meses. Esta etapa se caracteriza por incorporar de manera paulatina, adecuada, segura y oportuna alimentos sólidos y líquidos diferentes a la leche materna o de fórmula. Se la denomina complementaria porque la leche materna o de fórmula continua siendo el principal alimento, aportando la mayor proporción de energía y nutrientes que tu bebé necesita en comparación a los sólidos que vayamos incorporando de manera paulatina.
Se inicia  a los 6 meses porque coincide con un adecuado nivel de maduración de los órganos y sistemas del bebé (aparato digestivo, funcionamiento renal, desarrollo neurológico y muscular) y culmina a los 24 meses cuando ya el bebé está completamente integrado a la mesa de la familia.
Para conocer si tu bebé está “listo” para comenzar a probar nuevos alimentos debes observarlo y estar atenta a las siguientes señales: 

  •          Mantiene la cabeza erguida y se sienta solo en la sillita o en la falda de mamá, papá u otro cuidador
  •          Ha perdido el reflejo de extrusión (ya no empuja los alimentos con la lengua hacia a fuera de la boca)
  •          Coordina el movimiento “ojo-mano-boca”, lo que le permite mirar el alimento, levantarlo y llevárselo a la boca.
  • ·         Muestra interés por la comida de los adultos.

 Las mamás se preocupan mucho por el QUE tiene que comer el bebé, y este punto no es que sea poco importante, pero debe ir acompañado del CÓMO, CUÁNDO, DÓNDE y QUIÉN lo alimenta también. Es una etapa sensible y de inmensos aprendizajes para tu hijo: comienza a formar conductas, hábitos y preferencias alimentarias que van a acompañarlos durante el resto de su vida, incluso van a condicionar el estado de su salud en un futuro. Por tanto, tenemos que procurar que estos aprendizajes sean en un marco positivo, amoroso, paciente, que respete los tiempos del bebé brindando a la vez alimentos naturales y seguros.
Recomendaciones para lograr momentos agradables a la hora de comer y un adecuado vinculo de nuestro bebé con la comida:
•             Ser paciente y destinar tiempo a este momento.
•             Hablarles mientras comen y mantener la atención a ellos, mirarlos a los ojos.
•             Nunca forzarlos a comer, respetar siempre sus señales de hambre y saciedad.
•             Participarlo de la mesa familiar sentado en su sillita o en la falda del adulto, aprenden por imitación.
•             Evitar utilizar el alimento como premio/castigo o para calmar berrinches, aburrimiento u otra demanda del bebé cuando la razón no sea hambre.
•             El bebé debe estar siempre acompañado

El inicio de la alimentación complementaria es una etapa propicia para incentivar la práctica de hábitos alimentarios saludables en la familia, nunca es tarde para aprender a comer mejor!  Ellos nos miran y nos imitan… lo que resta es mostrarle que comer es un placer y disfrutar con ellos!


Maria Eugenia Eppens 
Lic. en Nutrición
MP 1409




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martes, 29 de mayo de 2018

Movimientos del bebé: la importancia de su percepción

Desde que la mujer recibe la noticia del embarazo, uno de los momentos que más espera es aquel en el que pueda percibir los movimientos de su bebé.
 Si bien los movimientos fetales se inician alrededor de  la 6ª – 7ª semana de gestación,  la mamá no los identifica hasta la semana 18-22, dependiendo de si han tenido otros embarazos (el útero está más blando y receptivo) y de la contextura física (las mujeres más delgadas suelen percibirlos más tempranamente).
Es la mamá quien tiene el privilegio de  sentirlos inicialmente y suelen reconocerlos como el movimiento de un pez dentro de una pecera y otras lo comparan con la sensación de tener una mariposa revoloteando, mientas que la pareja suele demorar unas semanas más para empezar a identificarlos.
Lo que se percibe al principio es, en realidad, el útero que se mueve a causa de los movimientos del bebé, pero no es el niño en sí. A partir de la semana 20 se pueden empezar a percibir unas sacudidas rítmicas, hipo, debido a que el bebé está aprendiendo a deglutir y, a medida que crece, se identifican claramente pataditas y estiramientos.

Si bien los movimientos fetales no son iguales en todas las futuras mamás, son un importante indicador del bienestar del bebé y su reducción un  síntoma de sufrimiento que puede deberse a diversas causas, asociándose en un porcentaje de 25-30% con complicaciones perinatales.

¿Cuántos movimientos del bebé deben sentirse?
 Existen diversas formas de medir los movimientos y no hay un consenso de cuál es el mejor método ni la mejor definición de disminución de la actividad fetal. En ocasiones se le indica a la mamá contar los movimientos del bebé durante un intervalo de tiempo variable y en otras, medir el tiempo que ha necesitado para notar un número preestablecido de estos movimientos.
Lo importante es que la embarazada esté atenta a los movimientos habituales y a la respuesta a los estímulos que hemos logrado  desarrollar a lo largo del embarazo, y sólo en caso de que sea una indicación médica por una situación particular, llevar a cabo otra forma de conteo más estricta.

A continuación, se detallan alguna de las situaciones ante las cuales se recomienda hacer una consulta médica:
  • No percibir movimientos fetales a partir de las 24 semanas de gestación.
  • Ausencia aguda de movimientos fetales mayor a 2 horas de duración en una mujer que anteriormente los percibía o en caso de que tu médico te haya indicado un recuento más específico de la cantidad de movimientos, menos de 10 movimientos en dos horas. 
  • Percepción subjetiva de la embarazada de una disminución respecto al patrón habitual de movimientos del bebé  que se mantiene por más de 12 horas, sin llegar a esperar más de 24 horas.

Las situaciones mencionadas pretenden ser usadas únicamente como guía, priorizando siempre la percepción subjetiva de la mamá en cuanto a la  reducción significativa de la actividad de su bebé.

Siendo la etapa de los movimientos del bebé algo tan esperando y tan placentero para la mamá y las personas de su entorno, y también un indicador de salud, estate atenta pero siempre disfrutando de sentir a tu hijo moviéndose en tu vientre.



 D’Angelo, Eliana
Esp. En Med. Fliar. y Gral.
MP 32569

lunes, 7 de mayo de 2018

Los papás en el Curso de Preparto: ¿Por qué asistir?


Si hablamos de los hombres, podemos ver que en la actualidad tienen una actitud mucho más activa frente a la paternidad. De hecho, el compromiso y la participación de muchos papás se visualizan desde la gestación.
Este cambio cultural se ve reflejado en los Cursos de Preparto, los cuales dan cuenta de los cambios y las necesidades de los hombres de hoy: acompañar a sus parejas durante el embarazo y el momento del parto y prepararse también para la crianza de sus hijos.
Episiotomía, inducción, lactancia, cuidados del recién nacido y otras cuestiones que las mujeres alguna vez escuchamos o hablamos o hasta vivenciamos, no resultan siempre cotidianas para los hombres. Las clases de preparto se transforman así en espacios donde los papás no sólo acompañan a las mamás (con todos los beneficios que eso conlleva para ella y su bebé) sino que pueden informarse sobre aspectos claves del embarazo, lo que va a acontecer en el parto, los cambios que conlleva el posparto, así como su rol en cada una de estas tres etapas, y donde recibirán orientación sobre las principales pautas de cuidado y crianza del recién nacido.
Asimismo, la experiencia del Curso de Preparto permite a los futuros padres establecer un vínculo más fuerte con su pareja e hijo por nacer y compartir con otros padres que están transitando por la misma etapa, con similares inquietudes y temores.
Recibiendo información, disipando dudas, calmando miedos y ansiedades, el futuro papá irá ganando seguridad y autoconfianza en su rol, adentrándose tempranamente en la paternidad.
Por otro lado, aunque mencionamos al papá, hay que recordar que en el caso de las mamás solas es también recomendable que concurran, si lo desean, acompañadas por la persona de su confianza que vaya a estar con ella en el momento del parto y los primeros días luego de nacido el bebé. El rol de esta persona, será el mismo: el acompañamiento, la contención emocional.
Que el papá asista a las clases preparto es un gesto de responsabilidad y compromiso con la futura mamá y la crianza del niño. También una experiencia única de vinculación con su hijo y de acercamiento a temáticas relacionadas con su gestación, parto y crianza.

 


Lic. Cecilia D’Angelo
Lic. en Psicología
MP 4933



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martes, 17 de abril de 2018

Posiciones para dormir durante el embarazo


A medida que avanza el embarazo la panza va creciendo, y con ello, muchas
embarazadas comienzan a sufrir problemas en el sueño. Los dolores de espalda, la inflamación y pesadez en las piernas, la acidez, las dificultades para respirar, la ansiedad y las ganas de ir al baño a todas horas, son algunas de las cosas que hacen difícil mantener el sueño durante toda la noche.
A continuación, algunas posturas para que puedas descansar bien durante el embarazo y sus beneficios.

·        De costado, con una almohada entre las piernas.    
Al colocarte de costado, con una almohada entre las piernas, se ayuda a mantener la espalda recta y a no forzar la curvatura lumbar y se evita que el peso de una pierna caiga sobre la otra.
También puedes colocar una almohada debajo de la panza, para evitar que ésta quede colgando y provoque la tirantez de la piel, brindándote de esta forma más comodidad y seguridad en el apoyo.
La posición más recomendada para dormir durante el embarazo es del  lado izquierdo ya que de esta forma se incrementa  la cantidad de sangre que llega a la placenta, lo que aportara mayor cantidad de oxígeno y nutrientes para el bebé.

·         Con los pies elevados.
Uno de los problemas más incómodos de las embarazas son los calambres en pies y piernas. Si sufres de una mala circulación, tienes los tobillos o las piernas hinchadas, puedes probar  dormir con las piernas en alto apoyadas sobre alguna almohada, lo cual aliviará la inflamación de piernas y pies.
Esta posición te ayudará a que la circulación fluya y prevendrás la aparición de varices, pinchazos y calambres.

·         Semisentada
Si tienes molestias estomacales, acidez, reflujo, sensación de ahogo o
palpitaciones es recomendable acostarse semisentada con la ayuda de almohadones o cojines como apoyo para la espalda.
Esta postura también reduce los mareos que surgen cuando se está mucho tiempo en una posición demasiado horizontal.

La finalidad siempre es estar cómoda. Elige la posición para dormir que más se adapte a tus necesidades y que te facilite descansar mejor.



 Julieta Frassoni
 Lic en Kinesiología y Fisioterapia
 MP 6265 


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lunes, 26 de marzo de 2018

Conservación de la leche materna



Toda mamá que durante la lactancia se extrae leche necesita conocer adecuadas técnicas de conservación que favorezcan tanto la calidad nutricional como la inocuidad de este preciado alimento para su bebé. A continuación respondemos las inquietudes más habituales que se realizan las mamás sobre este tema:



 §  ¿En qué lugar guardarla? A qué temperatura? Cuál es el tiempo máximo de almacenamiento? 
Es preferible contar con acceso a una heladera para guardar la leche extraída, aunque no es imprescindible que sea de uso exclusivo. En la siguiente tabla se detalla el tiempo de permanencia de la leche extraída según lugar de conservación disponible:

Tipo de leche materna
Temperatura ambiente
Heladera
Congelador
Freezer
Recién extraída               
en un recipiente cerrado                 
6-8 horas (25ºC o menos)
3-5 días (4ºC o menos)
2 semanas (en el                       compartimento congelador dentro de la heladera)
3 -4 meses. (En freezer  que es parte de la heladera pero con puerta separada.)
 6 meses o más. (En freezer tipo comercial con temperatura constante de -19 grados C)
Previamente congelada descongelada en heladera pero no calentada ni usada
4 horas o menos (hasta la próxima toma)        
24 horas
No volver a congelar
No volver a congelar
Descongelada fuera de heladera, en agua caliente
Sólo hasta que termine la toma
4 horas o hasta la próxima toma
No volver a congelar
No volver a congelar
La leche que sobra de la toma  
Sólo hasta que termine la toma, luego desechar
Desechar        
Desechar
Desechar


§  ¿En qué tipo de recipientes es mejor almacenar la leche?
Pueden utilizarse envases de plástico duro o de vidrio aptos para alimentos o bolsas especialmente diseñadas para el almacenamiento de leche materna.
Siempre se recomienda guardar la leche extraída en la heladera lo antes posible hasta usarla o congelarla, priorizar el uso de leche fresca (no congelada) y congelar la leche que seguro no vayas a usar antes de los tres días.
Si la decisión es congelar la leche, se sugiere guardarla en pequeñas cantidades (50 – 100 cc) para poder descongelar solo la que tu bebé  vaya a tomar y etiquetar siempre los recipientes con la fecha antes de almacenarlos a fin de ir descongelando los más antiguos. Recuerda que debes enfriar la leche en la heladera si quieres agregarla a un envase que ya tiene leche congelada y evitar llenar los recipientes más de tres cuartos de su capacidad, ya que la leche va a expandirse al congelarse.


§  ¿Cómo descongelar la leche para brindársela a tu bebé? 
 Debes optar por el recipiente con fecha más antigua y descongelar directamente bajo agua tibia corriente o sumergiéndola en un recipiente con agua tibia o manteniendo la cadena de frio (del congelador/freezer bajar a la heladera). Una vez que este descongelada debes removerla bien y controlar la temperatura de la misma antes de ofrecérsela al bebé.


Como última recomendación, se desaconseja descongelar la leche en microondas y/o directamente en el fuego para evitar la perdida de nutrientes esenciales.

Pon en prácticas estas técnicas para la adecuada conservación de la leche y te asegurarás de que tu bebé reciba todo los nutrientes que necesita para crecer sano.


 
                                                                 Ma Eugenia Eppens
                                                                   Lic. en Nutrición
                                                                         MP 1409


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lunes, 5 de marzo de 2018

Extracción de leche materna: ¿por qué y cómo realizarla?


Durante el posparto, las mamás transitan la lactancia materna como un proceso de aprendizaje que acarrea múltiples desafíos, entre los que se encuentra la necesidad de extraerse leche por diversos motivos. Entre las situaciones que pueden provocar es ta necesidad, se encuentran:
ñMantener la producción de leche cuando no es posible dar el pecho (por ej. si el bebé tiene alguna complicación como prematurez, bajo peso, etc).
ñProvocar el reflejo de eyección para ayudar al bebé a tomar adecuadamente el pecho.
ñAumentar la producción o volumen de leche.
ñExtraer leche cuando no es posible dar de mamar en una toma determinada (por ej. al reincorporarse laboralmente).
ñAliviar la ingurgitación mamaria (acumulación de leche e inflamación del pecho) o ayudar a drenar el pecho en caso de obstrucción o mastitis.
ñExtraer y desechar la leche temporalmente mientras se toma un determinado medicamento.
Para el proceso de extracción, los estímulos externos que nos rememoran al bebé (ej: una foto u otro objeto suyo) y un suave masaje al pecho aumentan la liberación de la hormona oxitocina, mejorando de esta forma la eyección de la leche. Algunas otras consideraciones útiles para facilitar dicho proceso:
ñRealiza una correcta higiene de las manos y de los instrumentos a utilizar antes de iniciar el proceso de extracción.
ñElige un horario del día, ésto ayuda a estimular un buen flujo de leche.
ñSi vas a extraer leche para disponer de reservas, hazlo una hora después de terminar las tomas matutinas, ya que en el horario de la mañana la producción es mayor y solemos estar menos fatigadas.
ñSi tu objetivo es mejorar la producción de leche, extráela después de cada dos tomas de pecho durante unos 15 minutos, aunque solamente salga un poco de leche. Esta succión adicional estimulará tu cuerpo para que produzca más leche.

¿Cómo se realiza el proceso de extracción?
Existen distintas maneras de realizarla, pudiendo ser manual o a través de un sacaleches y a su vez, cada madre desarrolla su propio estilo de extracción.

Extracción manual:
Comprime el pecho entre el pulgar y los otros dedos, apretando hacia la pared torácica. Sigue comprimiendo el pecho mientras se separa la mano de la pared torácica, en una acción de “ordeño” hacia el pezón, sin deslizar los dedos sobre la piel. Repite este movimiento de forma rítmica a una velocidad que te resulte cómoda, mientras rotas la mano alrededor de la mama para masajear y apretar todos los cuadrantes.
Una sesión de extracción manual puede durar de 20 a 30 minutos, alternando los pechos cada 5 o 10 minutos. Puede ser útil inclinar el cuerpo hacia delante y sacudir el pecho suavemente.

Extractores mecánicos: 

En el mercado encontramos diversos modelos de sacaleches, básicamente de dos clases: manuales (activan de forma manual el mecanismo de succión, ya sea con ayuda de una pera/bocina de goma o de una palanca, son más económicos) y eléctricos o a pilas (no requieren el esfuerzo físico de la mamá, su precio es más elevado).
La leche recogida mediante este procedimiento tiene un mayor riesgo de contaminación, éste se minimiza si se procede a una limpieza cuidadosa. Es recomendable que el frasco colector pueda usarse para alimentar al bebé, o para almacenar la leche y de esta manera reducir el número de manipulaciones de la leche materna.

La extracción de leche materna te permite brindarle a tu bebé los beneficios de tu leche a pesar de no estar cerquita, y por más que este proceso no provoca los mismos sentimientos que tu bebé, después de un tiempo te familiarizarás con su uso y aprenderás a estimular la salida de la leche. Sé paciente contigo misma y aprenderás a manejar esta técnica en forma natural.

                                                                 D’Angelo, Eliana
                                                   Med. Esp. En Medicina Fliar y Comunitaria
                                                                MP 32569

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