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lunes, 24 de febrero de 2020

Lumbalgia en el embarazo


Durante el embarazo, una de las dolencias más frecuentes en esta etapa, suele ser sentir dolor en la parte baja de la espalda. Esta dolencia que se observa con más frecuencia a finales del segundo trimestre y durante el tercero, es el resultado de los cambios que tiene el cuerpo debido al crecimiento del bebé y de tu abdomen: tu centro de gravedad se anterioriza, rotando tu pelvis hacia adelante (anteversión) y provocando un aumento de la curvatura lumbar (hiperlordosis) lo que lleva a que tus músculos trabajen con mayor tensión o se acorten.
Una recomendación para  ayudarte a disminuir o prevenir el dolor provocado por lumbalgia es realizar actividad física una, dos o hasta tres veces por semana.
A continuación te proponemos algunos ejercicios para que puedas poner en práctica, realizando 10 repeticiones de cada uno de ellos:

Posición acostada boca arriba en una colchoneta o en el suelo:
-          Ejercicio 1: Dobla tus rodillas apoyando tus pies en el suelo, deja tus brazos al costado del cuerpo y asegúrate que toda tu espalda tenga contacto con el suelo, inspira y al largar el aire contrae tu abdomen y tus esfínteres como si quisieras llevar tu ombligo al suelo, inspira y relaja.

-          Ejercicio 2: Con la misma posición inicial que el ejercicio anterior, inspira y al largar el aire, lleva tus rodillas hacia el costado derecho, inspira y regresa a la posiciona inicial y al expulsar el aire llevas las rodillas hacia el costado izquierdo.

-          Ejercicio 3: Flexiona tus caderas y rodillas hasta tener cada una de tus piernas a los costados de tu abdomen, agarra con tus manos las rodillas e imprime un ligero balanceo hacia un costado y el otro.
Fig 1. Posición inicial           Fig 2. Ejercicio 3

  
Posición de mesa o en cuadrupedia (“El gato”):
-          Ejercicio 4: Asegura que tus rodillas estén bajo tus caderas y tus manos bajo tus hombros. Toma aire y al largar lleva tu espalda hacia el techo simulando un gato enojado; inspira y vuelve a la posición inicial (asegúrate de volver a la posición neutra y no arquear hacia abajo tu espalda).
 
Posición de pie:
-          Ejercicio 5: Coloca tus piernas separadas (ancho de hombros) y tus manos en la cintura y realiza un balanceo llevando tu cadera hacia delante y hacia atrás; los laterales y haciendo movimientos circulares.

Asegúrate de realizar estos ejercicios a conciencia, estando en un ambiente tranquilo y combinados con la respiración para que puedas lograr una mejor relajación. No dudes de consultar a un fisioterapeuta ante molestias o dolores para un control de tu higiene postural durante la gestación y el posparto.

Julieta Frassoni
Lic. en Kinesiología y Fisioterapia
MP 6265






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martes, 19 de noviembre de 2019

Porteo seguro y ergonómico


Durante el embarazo o al momento de nacer el bebé, muchas mamás y papás se plantean la posibilidad de “portear” a su bebé. Ya sea que se utilice un fular o una mochila portabebé, esta técnica facilita la movilidad con el bebé y favorece el acompasar la maternidad/paternidad con otras actividades, siendo además un hermoso modo de conexión y vinculación.
Existen grandes beneficios tanto físicos como emocionales, por los cuales los pediatras recomiendan el porteo:
  • Menos riesgo de plagiocefalia (aplastamiento del cráneo) ya que pasar menos tiempo apoyando su cabeza sobre la misma zona.
  • El roce que se produce durante el porteo, constituye una estimulación constante de los reflejos de pies y manos lo que favorece la maduración del sistema nervioso.
  •  La verticalidad y el movimiento o balanceo estimula el sistema vestibular y, en general, todo el sistema nervioso del bebé.
  • Al estar el bebé tranquilo, hay menor secreción de hormonas de estrés (cortisol), lo que refuerza el sistema inmunológico. Consecuentemente, esto  favorece el crecimiento y ganancia de peso.
  • El contacto que se establece durante el porteo facilita un patrón de apego saludable.
  • Favorece la socialización ya que posibilita que el bebé descubra el mundo que lo rodea con todos sus sentidos y desde la calma que da tener a su cuidador muy cerca.
  • Por el constante movimiento durante el porteo y el suave masaje que el vientre del bebé recibe de quien lo portea, se mejora la digestión y el bebé sufre menor cantidad de cólicos. También, por la postura erguida, disminuyen los gases y el reflujo.
  • La postura ergonómica favorece el buen desarrollo locomotor de espalda y cadera. Ayuda incluso a corregir ligeras displasias, o alteraciones del desarrollo de la cadera.



Para que esta técnica sea segura y pueda aportar todos estos beneficios, el portabebé utilizado debe ser ergonómico, es decir, debe respetar la fisiología y fisionomía del bebé; por ello te brindamos las siguientes recomendaciones:
Colocar al bebé en posición vertical, mirando hacia quien portea, con su pancita en contacto con el cuerpo del porteador. Tiene que estar con las piernas abiertas a 90º, favoreciendo la posición de ranita para rodear al porteador. Las rodillas deberán estar más altas que la colita del bebé, de esta forma las fuerzas en la articulación de la cadera son mínimas. Además, la espalda del bebé debe estar erguida y el portabebé debe estar bien tenso, dando apoyo a todos los puntos de su espalda. Otro aspecto a observar es la posición de la cabeza, tiene que ir suavemente sujeta contra el cuerpo del adulto, con la pera separada del pecho del porteador para evitar riesgo de asfixia. La cara del bebé siempre tiene que estar visible.

Demostrado que el porteo ergonómico es seguro y muy beneficioso tanto para el bebé como para el porteador, debemos recordar que no hay un portabebé único y perfecto sino que vamos a elegir aquel que permita la comodidad del bebé y del porteador y cubra los requisitos de seguridad recomendados para llevar a delante esta práctica de manera adecuada.


Julieta Frassoni
Lic. en Kinesiología y Fisioterapia
MP 6265






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Ph: extraídas de la web




lunes, 16 de septiembre de 2019

Síndrome de Couvade: cuando el futuro papá se siente embarazado (segunda parte)


Si bien fue originalmente el antropólogo Tylor quien en 1865 acuñó el término couvade para los “rituales de paternidad” observados en las comunidades primitivas, recién en 1965, los psiquiatras Trethowan y Conlon denominaron y caracterizaron el Síndrome de Couvade (del francés couver: incubar, criar) como un conjunto de síntomas experimentados por el futuro papá que comienzan en el embarazo de su pareja y desaparecen luego del parto. Es así, como se mencionó en la nota anterior sobre esta temática, que desde hace ya algunos años se viene prestando mayor atención a cómo los padres transitan la espera de un hijo.
Diversas investigaciones han estudiado dicho síndrome evidenciando que se manifiesta con la aparición de síntomas fisiológicos y psicológicos, pero sin base patológica, que suelen ser propios de la mujer gestante. Al no tener los hombres la percepción física del bebé y no sentir los cambios físicos resultantes del embarazo, su experiencia es diferente pero pudiendo desarrollar síntomas similares.
Durante años, las adaptaciones psicológicas que los hombres transitan durante el embarazo, el parto y en relación con la crianza de los hijos fueron descuidados. Sin embargo, hoy se señala que tales adaptaciones son tan importantes como las experimentadas por las mujeres. El embarazo afecta a toda la familia y, por ende, los profesionales de salud deberían considerar también las necesidades físicas y psicológicas específicas de los futuros padres, estando orientadas las intervenciones a abordar las dudas, los sentimientos y las experiencias de los hombres durante la etapa de embarazo.

¿Cuáles son los síntomas del Síndrome de Couvade en los futuros papás?
Entre los síntomas presentes se mencionó el aumento de apetito, la ganancia de peso, los antojos, el rechazo de ciertos alimentos, las nauseas y los vómitos, los mareos, las dificultades para dormir, el dolor en diferentes partes del cuerpo, los calambres, la ansiedad, los cambios en el estado de ánimo, etc.

¿Qué hacer para paliar estos síntomas considerando su implicancia emocional?
El Síndrome de Couvade no se considera una enfermedad y por lo tanto no hay un tratamiento específico. Sin embargo, es posible paliar los posibles síntomas siguiendo algunas sugerencias:
·  Involucrarse desde el inicio del embarazo en lo concerniente al mismo, acompañando a los controles, asistiendo a la preparación prenatal, informándose sobre los cambios a lo largo del mismo y sobre el rol de padre, etc.
· Expresar las emociones y las preocupaciones que se van sintiendo. La comunicación en pareja es esencial.
· Vincularse con el bebé: tocar la panza, hablarle, observa los movimientos, etc.
· Hablar de la organización luego de que nazca el bebé, abordando lo concerniente a su cuidado, tiempos de trabajo, cuestiones económicas, etc.

La presencia de indicadores del Síndrome de Couvade entre los futuros padres evidencia la complejidad inherente a la transición a la paternidad así como la importancia de conocer sus experiencias y sentimientos durante la espera de un hijo para poder acompañarlos en esta etapa, lo que beneficiaría  la salud masculina, la relación de pareja y, especialmente, la relación padre-bebé.


            
Cecilia D’Angelo
Lic. en Psicología
M.P. 4933





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domingo, 14 de julio de 2019

Andadores o saltarines: son beneficiosos para estimular a los niños a caminar?


El uso de estos elementos es una costumbre que se ha instalado cada vez más en nuestra sociedad, ya que por lo general se piensa que su empleo hace que el niño logre libertad de movimiento, lo cual lo pone contento, lo divierte y le permite explorar e investigar convirtiéndose de esta forma en una gran experiencia. Asimismo se los asocia con un mayor “desgaste de energía”, favoreciendo el descanso por un lapso mayor de tiempo. Pero siempre hay que tener en cuenta que, como todos los juguetes, deben ser seguros y adaptados a la edad del niño, siendo necesario tener ciertas precauciones a la hora de usarlos para que no resulten perjudiciales.

Es importante conocer que numerosos organismos internacionales, como UNICEF, la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Argentina de Pediatría, no recomiendan el uso de estos elementos, ya que está demostrado que pueden afectar el desarrollo del bebé cuando se usa en edades muy tempranas o por mucho tiempo y su empleo se asocia con frecuencia a accidentes domésticos. La bibliografía sostiene que hacer uso desde una etapa muy temprana o sobreuso de estos elementos podría afectar el crecimiento del niño, ya que el mismo no cuenta con la madurez necesaria como para controlar sus propios movimientos corporales. Además, la forma de sujeción que tienen estos aparatos favorece el movimiento hacia adelante y no hacia arriba, predisponiendo de esta forma a desarrollar problemas relacionados con la postura, el control de las piernas y una caminata en puntas de pies.

Si decidieras utilizarlos, te sugerimos tener en cuenta las siguientes recomendaciones: 

  • Debería ser cuando el desarrollo del niño le permita mantenerse parado y controlar su cuello y tronco.
  • En lapsos no mayores de 20 minutos al día y hacerlo siempre con supervisión de un adulto. 
  • Los niños deben estar bien asegurados y no deben ser usados en suelos resbalosos o desparejos, cerca de elementos que puedan tumbarse, ni cercanos a escaleras o cocina, controlando que no haya productos tóxicos al alcance de sus manos.







Recuerda que no todos los niños son iguales en sus habilidades y capacidades, cada uno progresa en su desarrollo a su propio ritmo y el uso de estos juguetes no sustituye el ejercicio y los beneficios de permitir al bebé gatear y jugar en el suelo.



Julieta Frassoni
Lic. en Kinesiología y Fisioterapia
MP 6265






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lunes, 3 de junio de 2019

Estrés en el embarazo: ¿cómo puede afectar a mi salud y la de mi bebé?


El embarazo es una etapa de la vida de la mujer que si bien conlleva alegría y felicidad también implica preocupaciones asociadas con la salud del bebé y propia, el trabajo de parto, el momento del parto y los cambios que implicarán en el posparto la llegada del bebé. Además, en ocasiones ocurren también situaciones no esperadas como la enfermedad o fallecimiento de un familiar, problemas laborales, económicos o de pareja, una mudanza, soledad, etc. lo cual puede llevar a vivir esta etapa tan especial con un alto grado de estrés.
Pero… ¿qué es el estrés? Es la respuesta de un organismo a condiciones externas que se presentan como amenazantes y perturban su equilibrio, desencadenando reacciones fisiológicas y/o psicológicas. En pequeñas dosis el estrés puede ser positivo; pero cuando es de un alto grado de intensidad o crónico, puede dañar la salud.
En la actualidad se sabe que lo que se considera estresante varía de un individuo a otro, lo cual depende de su historia personal, sus recursos de afrontamiento, su red de apoyo, etc. Sin embargo, hay ciertas situaciones, como las mencionadas con anterioridad,  que se consideran como factores de estrés durante el embarazo.
En situaciones de estrés crónico, el organismo reacciona segregando altas concentraciones de hormonas, entre ellas las catecolaminas y el cortisol, las cuales pueden afectar la salud tanto de la embarazada como del bebé en gestación.
Entre los efectos del estrés en el embarazo se observan abortos espontáneos, alteraciones congénitas [1], complicaciones obstétricas, partos prematuros, bajo peso del recién nacido, alteraciones en el sistema inmune, hipertensión gestacional, depresión posparto y efectos en el desarrollo psicomotor, cognitivo, conductual, emocional y social del niño [2].

En síntesis, el estrés en el embarazo puede llevar a situaciones en las cuales se pone en juego la salud física y mental presente y futura tanto de la mujer embaraza como del niño en gestación. Para no llegar a este punto, es importante tener en cuenta las siguientes recomendaciones:
#Pedir ayuda y delegar tareas.
#Realizar una preparación para el parto: son espacios donde podemos despejar nuestras inquietudes, encontrar contención y ser acompañadas desde la prevención y promoción de salud por profesionales idóneos.
#Cuidar de nuestra salud física: descansar, alimentarse bien y realizar actividad física.
#Cuidar de nuestra salud mental: compartir lo que nos preocupa con nuestra pareja, familiares o personas allegadas; practicar meditación, relajación, visualizaciones positivas, las respiraciones aprendidas en la preparación prenatal; realizar una consulta con un psicólogo perinatal en caso de considerarlo necesario.

El embarazo es una etapa vulnerable en la mujer, en la cual diversas situaciones pueden ser estresantes y repercutir negativamente y a largo plazo tanto en la salud de la futura mamá como del niño. Es importante aprender a cuidarse, evitando dichas situaciones estresantes y pidiendo ayuda a un profesional idóneo en caso de ser necesario. La “Psicología Perinatal” tiene amplio campo de intervención en post de la prevención y promoción de salud mental materna y del niño en gestación.




Cecilia D’Angelo
Lic. en Psicología
M.P.4933






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[1] Mujeres que sufren acontecimientos vitales estresantes graves durante el primer trimestre del embarazo tienen un riesgo hasta ocho veces mayor de que sus hijos presenten alteraciones congénitas por una alteración del desarrollo de la cresta neural, como por ejemplo el labio leporino (Olza Fernández, I. s/f).
[2] Acontecimientos vitales estresantes graves en la segunda mitad del embarazo están asociados a cambios persistentes en el sistema de adaptación al estrés del niño, que lo harían más vulnerable e incrementarían considerablemente el riesgo de que padezca trastornos de conducta, emocionales o de hiperactividad durante la infancia y adolescencia (Olza Fernández, I. s/f).

lunes, 30 de julio de 2018

Síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL): ¿Cómo prevenirlo?


El síndrome de muerte súbita del lactante, también conocido como «muerte de
cuna», es la muerte de un bebé menor de un año de edad, que ocurre generalmente durante el sueño, sin causa aparente.
Si bien la causa es desconocida, hay estudios que evidencian que podría estar relacionado con defectos en el área del cerebro del bebé encargada de controlar la respiración y la vuelta al estado de vigilia.
Se describen algunas situaciones que conllevan un mayor riesgo de padecerlo: prematurez  o bajo peso, gemelos, el antecedente de haber sufrido un episodio que aparentemente puso en riesgo la vida, algunos grupos étnicos (norteamericanos, afroamericanos), el sexo masculino, un intervalo corto entre un embarazo y otro, la falta de cuidado prenatal, entre otros. 
Sin embargo, que no se sepa exactamente la causa, no quiere decir que no pueda hacerse nada para prevenirlo. 
Actualmente, múltiples organizaciones respaldan las siguientes recomendaciones:
  • Posición boca arriba para dormir: ésto no es necesario cuando tu bebé está despierto o cuando se puede mover hacia ambos lados sin ayuda. Al acostarlo boca arriba puede provocar plagiocefalia o síndrome de la cabeza plana. Para evitarlo se aconseja girar su cabeza hacia los costados cuando está durmiendo y ponerlo boca abajo, sobre su pancita, cuando está despierto, ya que esto además lo ayudará a ejercitar los músculos de la nuca e incrementar el sostén de su cabeza.
  • Mantener la cuna lo más vacía posible: utiliza un colchón firme, sin almohadas, juguetes ni muñecos de peluche  que puedan interferir en la respiración.
  • No abrigar excesivamente al bebé. Al acostar al bebé, acomodarlo para que
    quede con sus brazos por fuera de la ropa de cama. La Academia Americana de Pediatría sugiere la utilización de bolsas de dormir para bebés y frazadas para vestir (en las que la cabeza del bebé y sus bracitos quedan por fuera), ya que evitan el riesgo de que el bebé quede con la cabeza cubierta por la ropa de cama.
  • Compartir la habitación con el bebé por lo menos durante los seis primeros meses y de ser posible, hasta por un año. Distintas organizaciones de salud consideran que el lugar más seguro para que duerma un bebé es en la misma habitación de los padres pero en su cuna (lo que se denomina cohabitación). Unicef recomiendan elegir cunas adosadas a la cama.
  • En lo posible, mantener la lactancia materna en forma exclusiva los primeros 6 meses y sostenida hasta los 2 años de edad.
  • Ofrecer chupete una vez que la lactancia esté ya establecida: ten la precaución de no usar la cinta o correa durante la siesta o por la noche.
  • Evitar la exposición al tabaco: se recomienda un ambiente libre de humo, incluso desde la gestación.

Desde el embarazo es posible minimizar los riesgos de este síndrome, al evitar el tabaco y los ambientes con humo de cigarrillo, el consumo de alcohol y drogas y realizar los controles prenatales indicados.

Es importante que puedas compartir estas recomendaciones con  todos los cuidadores!


                
 D’Angelo, Eliana
 Esp. Med. Familiar y General
MP 32569


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lunes, 9 de julio de 2018

Colecho: una práctica de crianza controvertida


Desde la antigüedad existe una práctica frecuente en todos los estratos sociales: el colecho. Pero… ¿Qué es el colecho? es el hecho de que un bebé/niño comparta la cama con un adulto, todas o casi todas las noches y un mínimo de 4 horas.
¿A qué se debe que sea una práctica tan frecuente? A que el colecho se relaciona con la posibilidad del descanso nocturno de la madre y el estilo de crianza (crianza con apego).
Pero más allá de lo que sucede en la vida diaria familiar, en la actualidad es una práctica que genera controversias. Por un lado, se dice que el colecho interfiere con la vida de pareja, lo cual es un mito.
Por otro lado, se lo ha asociado al síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y al riesgo de asfixia y aplastamiento. Sin embargo, hay investigaciones que evidencian que el colecho favorece la lactancia materna nocturna y prolongada, lo cual es un factor preventivo del SMSL. Además de otros beneficios como la sincronización del sueño mamá-bebé, lo que posibilita un mejor descanso, menores episodios de llanto, mejor termorregulación y estabilidad cardiorespiratoria y oxigenación del niño.
Con lo cual no se puede condenar la práctica del colecho a priori como una práctica peligrosa. El peligro reside en las particulares circunstancias en las que se lo practica, las que pueden convertirlo tanto en una experiencia biopsíquica enriquecedora para el binomio mamá-bebé como en una situación peligrosa.

Tips para un colecho seguro(según Unicef, Organización Mundial de la Salud y Sociedad Argentina de Pediatría):
  •  No se debe fumar en la habitación ni practicar colecho si alguno de los padres fuma.
  •  La habitación no debe estar muy caliente (entre 18° y 20°) ni el bebé sobreabrigado.
  •  Las mantas no deben sobrecalentar al niño ni cubrirle la cabeza. Tampoco debe haber riesgo de que el bebé se deslice debajo de las mantas, o tenga contacto con las almohadas.
  •  El colchón debe ser firme y liso.
  • El bebé debe dormir boca arriba, sin riesgo de caerse de la cama o quedar atrapado entre la cama y la pared.

Es importante tener en cuenta que no se recomienda dormir con el bebé si nació prematuro o a término pero con bajo peso. Tampoco si la mamá (o el adulto que colecha) está inusualmente cansada, tiene alguna condición/enfermedad que disminuya su grado de conciencia por el bebé, ha bebido alcohol o consumido alguna droga que pueda provocarle somnolencia. Por último, no se aconseja colocar al bebé en el medio de ambos padres; tampoco hacer colecho con hermanos/as u otros familiares.

En la actualidad, distintas organizaciones de salud consideran que el lugar más seguro para que duerma un bebé es en la misma habitación de los padres pero en su cuna (lo que se denomina cohabitación). Unicef recomiendan elegir cunas adosadas a la cama.

Sin embargo, si decides compartir la cama con tu bebé, informarte y propiciar un sueño seguro es la forma de cuidarlo.

                                                                    
Cecilia D’Angelo

 Lic. en Psicología
     M.P. 4933


Si te gustó esta nota, seguramente te puede interesar leer:   http://espaciogestar.blogspot.com/2016/07/lactancia-materna-y-apego-seguro-el.html


lunes, 18 de junio de 2018

El inicio de la alimentación complementaria. ¿Cómo saber si mi bebé está listo?


Así, tan rápido como crecen ellos y casi sin darte cuenta, te encontrarás  
comenzando una nueva etapa junto a tu bebé: “la incorporación de los sólidos” a su alimentación. Y ésto irá acompañado seguramente de tu alegría y curiosidad por saber cómo va a responder frente a “eso” nuevo que le vas ofrecer y también de ansiedad y dudas al respecto. Informate, es la clave!
De acuerdo a lo recomendado por organismos nacionales e internacionales, la mayoría de los bebés inicia la llamada alimentación complementaria alrededor de los 6 meses. Esta etapa se caracteriza por incorporar de manera paulatina, adecuada, segura y oportuna alimentos sólidos y líquidos diferentes a la leche materna o de fórmula. Se la denomina complementaria porque la leche materna o de fórmula continua siendo el principal alimento, aportando la mayor proporción de energía y nutrientes que tu bebé necesita en comparación a los sólidos que vayamos incorporando de manera paulatina.
Se inicia  a los 6 meses porque coincide con un adecuado nivel de maduración de los órganos y sistemas del bebé (aparato digestivo, funcionamiento renal, desarrollo neurológico y muscular) y culmina a los 24 meses cuando ya el bebé está completamente integrado a la mesa de la familia.
Para conocer si tu bebé está “listo” para comenzar a probar nuevos alimentos debes observarlo y estar atenta a las siguientes señales: 

  •          Mantiene la cabeza erguida y se sienta solo en la sillita o en la falda de mamá, papá u otro cuidador
  •          Ha perdido el reflejo de extrusión (ya no empuja los alimentos con la lengua hacia a fuera de la boca)
  •          Coordina el movimiento “ojo-mano-boca”, lo que le permite mirar el alimento, levantarlo y llevárselo a la boca.
  • ·         Muestra interés por la comida de los adultos.

 Las mamás se preocupan mucho por el QUE tiene que comer el bebé, y este punto no es que sea poco importante, pero debe ir acompañado del CÓMO, CUÁNDO, DÓNDE y QUIÉN lo alimenta también. Es una etapa sensible y de inmensos aprendizajes para tu hijo: comienza a formar conductas, hábitos y preferencias alimentarias que van a acompañarlos durante el resto de su vida, incluso van a condicionar el estado de su salud en un futuro. Por tanto, tenemos que procurar que estos aprendizajes sean en un marco positivo, amoroso, paciente, que respete los tiempos del bebé brindando a la vez alimentos naturales y seguros.
Recomendaciones para lograr momentos agradables a la hora de comer y un adecuado vinculo de nuestro bebé con la comida:
•             Ser paciente y destinar tiempo a este momento.
•             Hablarles mientras comen y mantener la atención a ellos, mirarlos a los ojos.
•             Nunca forzarlos a comer, respetar siempre sus señales de hambre y saciedad.
•             Participarlo de la mesa familiar sentado en su sillita o en la falda del adulto, aprenden por imitación.
•             Evitar utilizar el alimento como premio/castigo o para calmar berrinches, aburrimiento u otra demanda del bebé cuando la razón no sea hambre.
•             El bebé debe estar siempre acompañado

El inicio de la alimentación complementaria es una etapa propicia para incentivar la práctica de hábitos alimentarios saludables en la familia, nunca es tarde para aprender a comer mejor!  Ellos nos miran y nos imitan… lo que resta es mostrarle que comer es un placer y disfrutar con ellos!


Maria Eugenia Eppens 
Lic. en Nutrición
MP 1409




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