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miércoles, 29 de noviembre de 2017

Angustia del Octavo Mes


Alrededor del octavo mes el bebé comienza a darse cuenta de que eso que tanto ama, su “mamá”, no es parte de sí mismo sino que es independiente, que puede irse, puede no estar y entonces… puede no volver.
La ansiedad que se genera frente a esta situación se denomina “angustia del octavo mes” y se considera la primera manifestación de angustia propiamente dicha. Si bien pueden manifestarse signos previamente, alcanza su máximo alrededor de los ocho meses, para luego declinar gradualmente. Implica que el vínculo de apego con la mamá se ha establecido y que su posible ausencia y/o la presencia de extraños conlleva un sentimiento de inseguridad en el pequeño. Fue el psicólogo René Spitz (1965) quien describió este fenómeno que se considera parte del desarrollo psicológico normal del infante.
En esta etapa es posible observar en los bebés:
  • Llantos
  • Angustia
  • Rechazo a la persona desconocida (o incluso en ocasiones también a personas conocidas)
  • Intento de aferrarse a la madre.
  • También pueden presentarse despertares nocturnos acompañados de llantos.
El bebé necesita de la presencia materna, la cual le da seguridad y confianza, por lo cual este suele ser un periodo de altas demandas para la mamá.

Tips para que puedas atravesar mejor esta etapa:
  • No obligues a tu bebé a ir con alguien que no conoce, respeta los tiempos de su propio desarrollo psíquico.
  • Juega con tu bebé al escondite, tapando tu rostro con tus manos o con algún objeto  y luego destápalo, mientras le dices “mamá no está –acá está mamá”, evidenciando como mamá aparece y desaparece; repite el juego, pero está vez que sea tu bebé quien se esconda.
  • También puedes jugar a ocultar - mostrar objetos (por ejemplo, algún juguete pequeño debajo de vasos de tergopol). Este tipo de  juego, al igual que el anterior, son de gran ayuda en esta etapa ya que acompaña al bebé en el desarrollo de la noción de “reversibilidad”.
  • Si tienes que ausentarte, explícale que te tienes que ir y que volverás más tarde; despídete con un beso. Sin alargar el momento, pero no te vayas a escondidas; puede que llore cuando te vayas pero lo angustiará más darse cuenta más tarde que tú ya no estás (si te has ido sin que él lo note). Así evitarás que se sienta abandonado y aumente su ansiedad.
  • Puedes ofrecerle algún juguete u objeto (una mantita o un osito, por ejemplo) como sustituto de tu persona mientras tú no estás. Es lo que se llama “objeto transicional”.
  • Si se despierta durante la noche, intenta calmarlo como lo harías durante el día, conteniéndolo y brindándole seguridad.
Y por último, bríndale contención cada vez que el te necesite; no vas a malcriar a tu hijo por hacerle un poco  más de upa en esta etapa. Por el contrario, criarás un niño más seguro para el día de mañana.

Recuerda, la angustia del octavo mes constituye una etapa normal del desarrollo psicológico del niño y evidencia que tu bebé está creciendo.


Cecilia D’Angelo
Lic. en Psicología
MP 4933




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lunes, 7 de noviembre de 2016

ACTIVIDAD FÍSICA DESPUÉS DEL PARTO: ¿Cuándo empezar? ¿Qué ejercicios hacer?

El mejor momento para empezar una rutina de ejercicios después del parto varía de una mujer a otra. Muchos obstetras sugieren esperar de cuatro a seis semanas después del nacimiento del bebé, antes de comenzar a hacer ejercicio. Aunque se puede empezar antes si uno se siente bien, siempre y cuando se haga de forma segura y adecuada.
En términos generales, la mamá que hizo ejercicio a lo largo de todo su embarazo y tuvo un parto vaginal normal, puede realizar sin problemas la actividad física que hacía unos días después de dar a luz, o al menos ejercicios livianos, tales como caminar, hacer flexiones de brazos o de pecho modificadas y practicar estiramientos. Una semana después del parto podrá hacer caminatas a un ritmo de lento a moderado. Para aquellas mamás que  no se mantuvieron activas durante el embarazo o redujeron su rutina de ejercicios a medida que avanzaban las semanas, se sugiere que comiencen a moverse de a poco y consulten al médico antes de reanudar una rutina de entrenamiento.
Posterior a  una cesárea, lo indicado es esperar de seis a ocho semanas antes de hacer ejercicio. No obstante, es aconsejable hacer caminatas a paso lento dado que ayuda a la recuperación y contribuye a prevenir complicaciones como por ejemplo coágulos de sangre. Empezar a ritmo pausado y espaciar las salidas en días alternos, con paseos de unos veinte minutos como máximo al principio es lo recomendado. Conforme se vayan fortaleciendo los músculos se podrá ir aumentando el tiempo y el ritmo. Ejercitarse mejora la circulación de las piernas y favorece una menor retención de líquidos.

Pasados los primeros cuarenta días, y antes de que se comience con la práctica de ejercicios aeróbicos más intensos o de tonificación (lo que debe hacerse de forma progresiva), hay que dedicar tiempo a fortalecer la zona pélvica. Ésto puede hacerse mediante los ejercicios de Kegel, que seguramente has practicados en el embarazo.
Como todavía es pronto para acudir al gimnasio, se puede practicar rutinas suaves de yoga o pilates en casa si se conoce la técnica, poniendo más atención en la respiración y en la adquisición de una mejor postura corporal y no tanto en trabajar abdominales o glúteos, que es mejor reservar para más adelante.
Es primordial aprender a escuchar el cuerpo y nunca obligarle a moverse más de lo que puede. Un progreso de forma gradual evita riesgos y permite conseguir, aunque en un tiempo mayor, buenos resultados.

Con paciencia y valorando los cambios que progresivamente se irán produciendo en tu cuerpo, conseguirás no solo verte mejor sino también ganar en salud y llenarte de la energía necesaria que tu nueva situación de mamá requiere.


               


Julieta Frassoni
Lic. en Kinesiología y Fisioterapia
MP 6265



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jueves, 29 de septiembre de 2016

MATERNIDAD, LA ETAPA DE TODOS LOS COLORES Cambios emocionales en el postparto

Después de nueve meses, llega ese ser tan esperado, ese ser que con ansias deseamos tener en nuestros brazos, mirar, cuidar, amar. Una etapa se cierra y una nueva comienza, la de la maternidad.
Después de nueve meses de soñar y de intentar prepararnos para ese nuevo título, el de “madre”, la realidad nos encuentra no tan listas, no tan perfectas como quisiéramos y llenas de emociones encontradas.
Con el nacimiento de nuestro hijo no sólo nos colma la alegría y la felicidad sino que también llegan un sinnúmero de “responsabilidades” y, con ello, miedo, dudas, ansiedades. Se suman las noches en vela y el agotamiento. También el sentir que el tiempo ya no nos alcanza y la sensación de que hemos perdido muchos de los espacios-tiempos propios que teníamos.  
Es que la llegada de un hijo todo lo trastoca. Se produce en la familia una “crisis vital”, una desorganización que implica la necesidad de una restructuración. Y en nuestra persona, la incorporación de un nuevo rol, el de madre, con todas las responsabilidades que ello conlleva y con todas las “emociones” que esto genera. Emociones que a veces nos hacen sentir no-entendidas, agobiadas y de las cuáles quisiéramos huir.

Pero te cuento dos secretos:
  1. A todas las mujeres les pasa esto. A unas más, a otras menos… pero a todas les sucede.
  2. Esto que sientes, ese vaivén emocional… pasa. El punto de equilibrio se vuelve a alcanzar y todo vuelve a la calma. No a la anterior, a la de antes del bebé, sino a una nueva.

¿Qué hacer mientras tanto para poder afrontar estos estados?
  • Informarse, saber que es esperable sentirte así y no agobiarse por ellos, ya que son estados pasajeros.
  • Exteriorizar los sentimientos, hablar de ellos.
  • Dedicar un momento del día para una misma, mientras otra persona se ocupa del bebé.
  • Pedir ayuda para no verse sobrecargada con las actividades diarias.
  • Hablar con otras mamás recientes, que están atravesando una situación similar. Las actividades de posparto son una buena oportunidad de reunión donde se pueden compartir emociones y resolver dudas.
 Y finalmente, consultar con un profesional si consideras que ya no estás pudiendo controlar tus estados emocionales y que éstos te sobrepasan.

No nacemos sabiendo cómo ser mamás. En ningún lado está escrito tampoco como se es una “buena madre”. A ser madre se aprende durante la misma experiencia; luego de un proceso de asimilación y  adaptación... y de atravesar emociones de todos los tipos y colores, se llega a ser la mejor madre que se puede ser.


Quizás no tan perfecta como la de los cuentos, pero más real, más sana emocionalmente y más feliz.

Cecilia D’Angelo
Lic. en Psicología

MP 4933




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