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lunes, 2 de agosto de 2021

La placenta, órgano esencial para el desarrollo del embarazo

 La placenta constituye un órgano fundamental para la gestación, con múltiples funciones que garantizan la evolución  del embarazo.

El término placenta proviene del latín, significa “torta plana”, haciendo referencia la apariencia de este órgano.  Comienza a formarse en el momento de la implantación del embrión en la pared uterina y va creciendo hasta las semanas previas al parto, momento en el que llega a pesar aproximadamente 500 gramos y alcanzar los 20-25 centímetros de diámetro y 2-3 centímetros de grosor.

 

Entre las funciones de la placenta se encuentran las siguientes:

  • Transmite nutrientes: el nivel de flujo sanguíneo hacia el útero es de unos 500-700 ml por minuto.
  • Suministra oxígeno, funcionando de “pulmón fetal”.
  • Elimina los desechos del bebé, los cuales pasan al torrente sanguíneo materno para ser eliminados.
  • Produce hormonas, entre ellas, la gonadotropina coriónica humana, fundamental para la evolución del embarazo; también sintetiza hormonas sexuales de tipo femenino, que juegan un papel muy importante durante la gestación.

La placenta se implanta al inicio de la gestación y una vez posicionada, no se mueve. Sin embargo, puede suceder que notemos cambios en su ubicación dentro del útero, los cuales están relacionados con crecimiento de este órgano.

Normalmente, la placenta se ubica en la cara anterior o posterior del útero, sin interferir el cuello uterino, espacio que debe quedar liberado para permitir que el bebé atraviese el canal de parto en el momento del nacimiento (parto vaginal).


Cuando la placenta se inserta en la parte baja del útero se le llama placenta previa. Al ubicarse aquí, puede llegar a taponar por completo el cuello del útero (lo que se conoce como placenta previa oclusiva), constituyendo una indicación de cesárea.

Tal es la importancia de la placenta, que se define que un parto por vía vaginal finaliza cuando la mujer la expulsa, constituyendo esta etapa la última fase del parto, denominada alumbramiento, en la que sigue habiendo contracciones que ayudan a su expulsión. Una vez expulsada se deberá controlar que esté completa, para evitar complicaciones relacionadas con la persistencia de restos placentarios en el útero materno.

 

La placenta es un órgano fundamental con múltiples funciones, que favorecen la evolución favorable del embarazo. Su control a través de las ecografías indicadas por trimestre, permiten alertar de complicaciones y actuar tempranamente en caso de ser necesario.

 


D’Angelo, Eliana

Esp. En Med. Gral y de Familia

MP 32569









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miércoles, 6 de abril de 2016

Reconociendo el Trabajo de Parto


El momento del parto suele ser esperado con mucha ansiedad. Cada mujer vive el nacimiento de su hijo de manera distinta, según sus experiencias previas y presentes, y el recuerdo de ese acontecimiento la acompañará por el resto de su

vida.

Es importante que la mamá considere previamente quién será la persona que desea que la acompañe en este proceso, la cual va a brindarle sostén  afectivo y emocional.
Es un proceso natural y existen signos y síntomas previos que anuncian su inminencia. Una vez iniciado el trabajo de parto, la mamá transitará un primer período con contracciones uterinas de características diferentes a las percibidas en otros momentos del embarazo: de mayor intensidad, frecuencia y duración (que llevarán a la dilatación uterina completa); un segundo período expulsivo que corresponde al nacimiento del bebé y, finalmente, el alumbramiento, es decir, la salida de la placenta.


Durante estas etapas se le realizarán a la embarazada controles de la palpación abdominal (para evaluar tono, intensidad, duración e intervalo de las contracciones uterinas), tacto vaginal (para medir la dilatación del cuello uterino) y controles de los latidos del bebé, lo que ayudará a evaluar que todo se esté desarrollando correctamente.

Es importante consultar al médico ante las siguientes circunstancias:

  •   Contracciones uterinas regulares, de mayor intensidad y frecuencia.
  •   Pérdida de líquido o sangre.
  •   Dolor abdominal o pelviano diferente de las contracciones previas que venías sintiendo en forma aislada.
  •   Disminución de los movimientos fetales.
  •   Presencia de fiebre.
Las técnicas para aliviar el dolor y las de relajación, así como los ejercicios de respiración te pueden ayudar mucho en este momento. También es primordial el apoyo y contención de la persona que te acompañe, lo que contribuirá a que vivas esta etapa con mayor seguridad y satisfacción.

Eliana D’Angelo
Médica Esp. en Med. Familiar y General
MP. 32569






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