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domingo, 22 de agosto de 2021

Lactancia materna y alimentos: mitos y creencias


El periodo del amamantamiento suele vivirse de manera acompasada por un sin número de mitos y creencias tanto propias, de nuestro entorno familiar y social cercano, como de profesionales poco actualizados. Varios de ellos se relacionan con la alimentación que lleva a diario la mamá durante esta etapa, principalmente sobre alimentos señalados como capaces de “producir cólicos” y aquellos que “aumentan la producción de leche”.

Los alimentos señalados como causantes de cólicos en el bebé suelen ser: bebidas gasificadas, coles, batata, legumbres, ajo, cebolla entre los más nombrados. Es importante conocer, según la evidencia científica actual, que ningún alimento que consuma la mamá que da el pecho va a causar cólicos o gases en su bebé. Los cólicos se relacionan con la inmadurez del sistema digestivo del bebé, y van cediendo a lo largo de los primeros meses de vida acorde el intestino va madurando.  Para aliviarlos se recomienda continuar con la lactancia, practicar masajes circulares en la pancita, anticiparnos a que tenga mucha hambre y sacar el aire después de cada toma.

También se encuentran algunos alimentos como los espárragos, alcauciles, ajos y cebollas responsables de modificar el sabor y/o el color de la leche. Este cambio produce sensaciones diferentes en la percepción de sabores y aromas, suele ser bien aceptado por el bebé, quien se habitúa sin ningún problema a los distintos sabores. Incluso, esto favorecerá que se acostumbre a un abanico amplio de sabores habilitando una mayor variedad de su comida cuando inicie con la alimentación complementaria. En el caso de que la mamá observe que su bebé realmente disminuye de manera significativa las tomas tras la ingesta de alguno de estos alimentos, puede suprimirlo temporalmente e intentar incorporarlo más adelante.

Por último, están aquellos alimentos o plantas a las que se le atribuye la capacidad de aumentar la producción de leche materna, conocidos como galactogogos naturales”. El uso de este tipo de productos a base de plantas se ha hecho de forma generalizada a lo largo de la historia y en diferentes culturas. Dentro de este grupo se describen bebidas a base de malta (cerveza sin alcohol), caldo de garbanzo o cebada, infusión de hinojo, la ortiga, el cardo, el diente de león, alfalfa, fenogreco, para nombrar solo algunos de ellos extensamente usados en diversos puntos geográficos.

Lo cierto es que hay pocos estudios científicos con resultados favorables que den cuenta de un aumento en la producción de leche y la mayoría de ellos afirma que no hay diferencia en la producción. A la vez, es importante destacar que, a pesar de tratarse de hierbas o plantas en la mayoría de los casos, esto no los hace inocuos, ya que al tomarse habitualmente en infusiones resulta muy complicado estimar la dosis ingerida, algo que “podría ser peligroso” tanto para la salud de la mamá como para la del bebé.

 

La manera más eficaz de garantizar la producción adecuada de leche es el estímulo del bebé al pecho, logrando en cada prendida un correcto acople y una muy buena transferencia de leche con el consiguiente vaciamiento de la mama. Sin embargo, antes dudas o complicaciones detectadas durante el amamantamiento, siempre es recomendable hacer una consulta a un profesional formado en lactancia antes de iniciar la toma de ningún medicamento u cualquier otro producto.

 

Ma. Eugenia Eppens

Lic. en Nutrición

MP 1409

 

 

 

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domingo, 3 de julio de 2016

Leche materna ¿Se producen cambios en su composición nutricional?




Durante el primer año en la vida del  bebé  se observa un crecimiento acelerado, tan es así, que en promedio los bebés triplican su peso de nacimiento y aumentan su talla en un 50%. Teniendo en cuenta estos datos, podemos decir que nos encontramos frente a una etapa que requiere un aporte adecuado y suficiente tanto de energía como de  nutrientes que permitan satisfacer las necesidades para tal demanda.
La leche materna es el alimento por excelencia que permite cubrir la totalidad de necesidades de calorías y nutrientes fundamentales que el bebé requiere durante los primeros 6 meses de vida  de manera exclusiva y hasta los dos años                                                complementándola con otros alimentos.

Cada mamá produce la cantidad y calidad de leche que su bebé necesita. Se conoce que la leche materna se modifica en su composición a medida que van pasando los primeros días de nacido el bebé, y también modifica la composición durante cada mamada.

Durante los primeros 3-4 días después del nacimiento,  la mamá  produce  una primera leche llamada calostro. Tiene aspecto amarillento y espeso,  contiene más proteínas, anticuerpos (especialmente beneficioso para proteger al bebé de infecciones), sales minerales y menos grasas que la leche definitiva. Su volumen alcanza unos 2 a 20 mililitros por toma y es suficiente para satisfacer las necesidades del recién nacido.
Entre los días 4 y 10-15 pos nacimiento se produce la leche de transición, el calostro comienza a modificar su composición y tomar un aspecto más blanquecino. Paulatinamente se aumenta también el volumen producido, alcanzando los 300 y 500 mililitros.
A partir de la segunda semana el bebé toma leche madura, que le aporta al recién nacido más energía, grasa, lactosa (azúcar de la leche) y menos proteínas que el calostro, además de la dosis necesaria de vitaminas, minerales y anticuerpos. Su volumen alcanza los 700-900 mililitros, dependiendo de las necesidades de cada recién nacido.

Es interesante conocer, que una vez alcanzada la leche madura, la composición también se modifica durante cada mamada.  Al inicio de cada toma, la leche del comienzo se observa “liviana”,  presenta una apariencia más “azulada” y se produce en mayor cantidad lo que  permite calmar la sed del bebé.  Mas tardíamente se produce la leche del final, su aspecto es más “denso” y de color blanco intenso, es más rica en grasas aportando una gran cantidad de calorías.
 Por esta razón es importante esperar que el recién nacido se sienta saciado antes de retirarlo del pecho  y esperar que él solo lo haga de manera espontánea, para cubrir tanto sus requerimientos hídricos en la primera etapa de la mamada, como los energéticos en la segunda, garantizando también el aporte de todos los demás nutrientes.

Conocer, entre otras cosas,  las diferencias  en la composición y volumen de la leche materna que se suceden durante la etapa de amamantamiento nos brinda conocimientos y herramientas para evacuar dudas y favorece un establecimiento exitoso de la lactancia materna.



                                                                     Ma Eugenia Eppens
 Lic. en Nutrición
MP 1409


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